Patones de Arriba

Una visita a Patones de Arriba y sus alrededores es como visitar un museo al aire libre que nos ayuda a transportarnos hace décadas y conocer la forma de vida tradicional. Cuando recorro las calles de Patones siempre me pregunto cómo era el día a día de sus vecinos, cómo construían sus casas, de qué recursos naturales se aprovechaban, cómo sobrevivían en tiempos difíciles.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Miro alrededor y veo montes de pizarra y percibo el olor de las jaras. No es de extrañar que los vecinos las utilizaran para construir sus casas, los hornos de pan, las cortes y los tinados para los animales. El color negro de la pizarra es el color de las construcciones de Patones de Arriba.

Durante todo el año los vecinos se dedicaban al cuidado de los animales, las labores del campo, recoger leña de jara para revenderla y las tareas del hogar. El lavadero, era uno de esos lugares de la vida cotidiana. Las mujeres iban a lavar, los niños a por agua y los hombres a dar de comer a los animales.

En verano las eras eran las protagonistas: En ellas se trillaba, separando la paja del grano. Eran momentos de duro trabajo pero también de convivencia en familia.

A finales de verano se vendimiaba en las viñas de la vega del Jarama. Los vecinos ayudados por mulas y burros subían las uvas por la senda del barranco hasta los cocederos y las bodegas de Patones de Arriba. Algunas se encontraban excavadas en la tierra, aprovechando las laderas.

Cada día, los cerdos paseaban por el pueblo vigilados por el porquero. Al finalizar la tarde cada vecino recogía a sus cerdos y los llevaba a las cortes, algunas también excavadas en la tierra. Al llegar el frío era la época de la matanza. Se preparaban morcillas, chorizos, tocinos que luego eran fuente de alimento durante el resto del año.

Archivo fotografico de la Comunidad de Madrid

Archivo fotografico de la Comunidad de Madrid

Por las tardes, cuando iba a caer el sol se podía escuchar el sonido de los cencerros. Muchos vecinos sobrevivían con sus rebaños de ovejas y cabras con las que recorrían los montes de jaras. Como refugio de los rebaños se construían los tinados, arrenes y cercados que hay alrededor de Patones de Arriba.

Y así termina un recorrido por Patones de Arriba a través del tiempo. Hoy todo es distinto, las calles están empedradas y llenas de turistas haciendo fotos en cada rincón. Ya no pasean los cerdos por las calles pero podemos seguir degustando las exquisitas morcillas patoneras en cualquiera de los restaurantes.

aqui la tierra

 

Anuncios